El ser no es esférico, sino escuálido y magro, y el único grueso y
redondo es el estar, porque sólo él lleva consigo un apelmazada vida,
arrastrada diariamente desde la niñez hasta la muerte, en el barrio,
pisando el suelo, aquí, encerrados en América. (Tomo I, pág. 568)
 
(Ser y estar) Quizás se vinculen como la copa de un árbol con sus
raices. Por una parte, uno es esa frondosa definicion que hace de sí
en el aire, y por la otra, uno trata de palpar por debajo sus propias
raices que lo sostienen. Y nosotros aquí queremos siempre hacer copa,
como si hubiera árboles sin raices, solo para menearse a todos los
vientos, saberlo todo, y vestir de todo. (Tomo I, pag 426)
 
La vida es un péndulo que va de un lado al otro y nosotros en el
medio, siempre tensos, sin encontrar otro sentido fuera de ese
vaivén . (Tomo I, pág. 153)
 
El Tango es un pasaje. Un instante en que pasamos la frontera de los
buenos modales para sumergirnos en el reverso, la inmodalidad, la
falta de costumbres o la consumacion definitiva de estar y haber
estado, desde la eternidad, en la ciudad. El tango es un abismo, una
opcion. El tango explicita esa verdad honda, la momifica, la cuelga de
cada estaca en que descansa el compas y ya no se mueve. (Tomo IV, pág
191)
(...) Con referencia al pueblo, aparte de la connotación sociológica y a veces económica que tiene el término, cabe pensar que también y ante todo es un símbolo. Como tal encierra el concepto de lo masivo, lo segregado, lo arraigado, y además lo opuesto a uno, en virtud de connotaciones específicas de tipo cultural. Pero si es un símbolo, uno participa de él, y lo hace desde lo profundo de uno mismo, desde lo que no se quiere ser. Hay en esto como un temor de que lo referente al pueblo podría empañar la constitución del ego. Por este lado, aunque no queramos, todos somos pueblo, y en tanto lo segregamos, excluimos esta mancha popular consistente en el arraigo que resquebraja nuestra pretenciosa universalidad, la segregación en la que no querríamos incurrir, o también lo masivo que subordinaría al ego. Por todo ello se da el uso ambiguo del término pueblo, pero que hace a la ambigüedad de uno mismo. Es la ambigüedad profunda que mantenemos frente a nuestra verdad, la de no ser en el fondo plenos. Entonces, pueblo, por una parte, mueve en nosotros el requerimiento ambiguo de una verdad que nos cuesta asumir."

Rodolfo Kusch, Prólogo de Esbozo de una antropología filosófica americana.